@eBatega punto y final

Muy buenas noches a tod@s y gracias por estar una vez más al otro lado.

Ésta es la última entrada de mi blog. Como todas las cosas en esta vida, también ésta tiene fecha de caducidad. Sin más, sin dramatismos.

Hace tiempo que dejo los libros a medias (o al principio) cuando no me gustan. Hasta alguna vez me he levantado en el cine porque no aguantaba la película. Pues con este blog ha pasado lo mismo: ya no me produce tanto placer escribirlo. Así que punto y final.

A lo largo de esta semana cerraré también la página de Facebook y la cuenta de Twitter. Tengo ganas de hacer desaparecer a @eBatega. Tengo ganas de cerrar una etapa. Sin más.

Mi más sincero agradecimiento a l@s que semana tras semana me habéis acompañado, a l@s que habéis compartido mis escritos, a l@s que me habéis comentado. Me han hecho mucha ilusión todas y cada una de las interacciones que hemos tenido a lo largo de estos años.

Ahora toca soltar. Sólo eso. Así de fácil.

En alguna otra ocasión he compartido con vosot@s este fragmento del libro “La rueda de la vida”, de Elisabeth Klübler-Ross. Creo que resumen bien mi filosofía de vida.

Un abrazo de esos… ¡Os quiero!

Vive de tal forma que al mirar hacia atrás no lamentes haber desperdiciado la existencia.

Vive de tal forma que no lamentes las cosas que has hecho ni desees haber actuado de otra manera.

Vive con sinceridad y plenamente.

Vive.

 

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Lecciones de una orquídea

Orquidea¡Feliz Sant Jordi! (con un día de retraso, jejejejejeje)

Hace 2 ó 3 años (ya ni lo recuerdo), alguien especial me regaló una orquídea en un día señalado. Sabía que era una de mis flores favoritas y quiso complacerme, como tantas otras veces. Era una orquídea preciosa, blanca y de centro fucsia, y sus flores me acompañaron semanas y semanas, hasta que cayó la última. Mi primer impulso fue deshacerme de ella (mi histórico con las plantas y las flores se siembra de muertes…) pero con mucho amor esa persona especial me invitó a cuidarla, asegurándome que volvería a florecer. Mi mirada de escepticismo fue clara, pero aún así me decidí a hacerle caso (debe ser de las pocas veces que le he hecho caso, ¡pobret!) porque sí conservaba un par de grandes hojas verdes, sanas y fuertes. Contra todo pronóstico he ido regando la orquídea de forma regular todos estos años; incluso he limpiado sus hojas del polvo acumulado y la he aireado de vez en cuando; eso sí, me he negado a gastar dinero en abonarla, como tantas y tantas veces sugería mi amigo (con tal de no darle la razón…). Y et voilà: aquí la tenéis, como el primer día, magnífica y majestuosa, radiante y sana, espléndida.

No se trata de una rosa, sinó de una orquídea, pero me ha enseñado ciertas cosas que quiero compartir hoy con vosotr@s ;-) Ahí va:

  1. Ten paciencia. Si tienes claro el objetivo finalmente llegará.
  2. La belleza es inherente a los seres vivos.
  3. Aunque sea mínima la señal de vida es que queda vida ergo potencial para volver a  vivir con plenitud.
  4. El secreto está en el cuidado continuado, aunque sea con una política de mínimos.
  5. Aunque en momentos de crisis lo quieras tirar todo por la borda, respira hondo y recula. Y relee el punto 1.

Un abrazo, de esos que hacen vibrar…

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¿Cuánto vale tu trabajo?

Corazón de dinero

Corazón de dinero

Andaba yo en una macroreunión con más de 100 personas, todas ellas responsables de algo en algún centro de salud. Parecía una competición de cuál era la que más se sacrificaba por la empresa. Sacrificar, sí, porque allí se regalaban horas y horas a cambio de mendigar “privilegios”: que si salir un poco antes, que si tener un día de asuntos propios, que si poder acudir a alguna formación más (pagada de nuestro bolsillo, claro). La clara emoción que sentía era de asco, tanto que casi me levanto de la silla en uno de los breves silencios y empiezo a gritar como una posesa. Aunque claro, yo también estaba allí porque regalaba tiempo y conocimiento, así que me mordí la lengua.

Quizás no lo sepáis, pero aparte de hacer de médic@s, enfermer@s o administrativ@s muchas de las personas que trabajan en los centros de salud tienen alguna otra responsabilidad y deben formarse en ello. Y cuanto más pequeño es el centro, peor, porque hay el mismo número de cargos a repartir entre menos compañer@s. Obvio.

Cuando la Sanidad tenía dinero y se sostenía sin tener que quitar guardias, el 5% del sueldo, las pagas dobles, las DPO o aquéllo que se le ocurriera, aún podía ser interesante tener un cargo porque te permitía romper con el estrés de la consulta durante unas horas, airearte y volver a la batalla. El agravante ha sido en los últimos tiempos tener que seguir asumiendo “de gratis” responsabilidades y el follón consecuente en la consulta tras a veces días sin poder pasar visita porque nadie te sustituía.

Tengo un amigo que cada vez que le digo que tengo una oferta laboral me hace la misma pregunta: “¿Condiciones?”. La primera vez le dije: “¿Condiciones de qué?”, porque no entendía nada. Para él era evidente: horario, sueldo, dietas, pago de horas extra… Y yo me reía a carcajadas: porque parece que a los sanitarios nos hayan insertado un chip al acabar nuestra formación y, cuál niñitos, seamos más que felices por la “oportunidad” que nos da el sistema por poder trabajar. ¡Vamos, hombre!: si nosotr@s no creemos en lo valioso de nuestro trabajo, en el grado de responsabilidad que tenemos con la comunidad, en lo complejo que puede llegar a ser atender de forma excelente a la población: ¿cómo nos va a valorar el resto del mundo?

Tomas plena conciencia de lo poco que valoras tu trabajo después de años y años de explotación cuando tienes que sentarte delante de una hoja en blanco y anotar tus honorarios: ¡de pena! Pensamientos como: “Si a mí eso no me cuesta nada” aparecían sistemáticamente en mi mente. Quizás ahora no me cuesta nada, después de seis años de carrera, tres (o cuatro) de especialización y quince de currar como médico de familia: ¿acaso eso no tiene valor? Quizás ahora no me cuesta nada, después de montones horas de formación continuada e incluso horas de docencia a otros compañeros. Quizás ahora no me cuesta nada, pero: ¿la calidez, cordialidad y escucha con la que tú visitas es lo habitual? ¿No marca eso una diferencia? ¿No crees que te mereces algo más que una palmadita en la espalda?.

Ahora estoy esperando una ¡propuesta económica! Es la primera vez en mi vida que van a valorar mi experiencia. Me cuesta creerlo. Pero como dicen algunos: “Lo mejor está por llegar”. Pues eso, a ver si llega de una vez😉

Un abrazo, de esos…

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Relaciones @fectivas

CerradoPorDemolicion¡Muy buenas noches! Hoy os propongo un ejercicio en “clave de coaching” (baby, sé que te acaba de dar un espasmo, ¡¡jajajajajajaja!!) especialmente dirigido a solter@s, separad@s, divorciad@s y adúlter@s consolidad@s (o en potencia, consciente o inconscientemente, que a nuestra mente eso le da igual). De hecho, cualquiera de vosotr@s puede entrar en este grupo tarde o temprano, así que más vale plantearnos ciertas cuestiones para regular mejor nuestro grado de sufrimiento.

Relaciones ¿@fectivas?: pues sí, porque hablo de relaciones Afectivas que pueden acabar siendo Efectivas o no, es decir, que pueden llegar al puerto que nos marcábamos de inicio, aunque con las modificaciones inherentes al hecho de compartir con el otro, por aquéllo que ya hemos comentado alguna vez de que las relaciones se co-construyen.

Responde sinceramente a las siguientes cuestiones (desde dentro, desde las entrañas, desde donde luego te va a doler por las verdades como puños que te has atrevido a confesar, o por las mentiras que te has dado cuenta que te has tenido que decir):

¿A cuántas personas has conocido en los últimos, pongamos, tres meses? Evidentemente, sirve lo virtual (¡bendita pantalla como propiciadora de inicios!)

¿Con cuántas de esas personas has querido iniciar una relación afectiva?

¿Cuántas de esas relaciones afectivas han pasado a ser efectivas?

¿Efectivas en el grado que tú deseabas?

Mi experiencia de estos últimos tres meses ha sido de 2 a 0, es decir, he conocido a dos personas, he querido iniciar una relación afectiva con las dos (a la vez no, malpensados, ¡¡jajajajajajaja!!) y ninguna de ellas ha sido efectiva (ooohhhhh….). De hecho, últimamente me siento como un italiano desgraciado en una discoteca: “-¿Follas?- pregunta el italiano; -¡No!- responde la churri“; y eso lo multiplicas por mil😉

Mi ADN colomense (con perdón) haría que estuviera hundida en la miseria, lamentándome de mi suerte y usando vino, cerveza o combinados para enganchar mejor las tiritas en mi corazón. O bien gritando y maldiciendo la raza de los hombres y jurando no volver a caer nunca más en las trampas del amor y el sexo. Bueno: es una opción. De hecho, es lo que me sale de forma espontánea y, tras mirarlo un ratito (o un ratazo), es lo que gestiono como os explico a continuación.

La otra opción (más zen, digamos) consiste en agradecer. Sí, agradecer (quién te ha visto y quién te ve, Isa…). Vamos a ver. Uno de los dones más preciados de nuestro tiempo es, precisamente, el tiempo. Acabe como acabe esa relación @fectiva, la otra persona te ha dedicado lo más valioso que posee: quizás en forma de mensajitos; quizás habéis “eskaipeado”; quizás hasta habéis coincidido en alguna reunión y os habéis sentado juntitos; a lo mejor hasta has tomado un café a su lado; ¿llegaste a tocarl@?: ¡premio!; ¿llegaste más lejos?: pues date con un canto en los dientes, ¡joder!. Ah, claro, que no quiere más: ¿y? Ante la opción de pensar en tu mala suerte, en que tod@s son iguales, en que qué desgraciad@ eres, en que no lo entiendes, en que NUNCA te vas a volver a arriesgar: ¿tan difícil es llegar a agradecer el haber disfrutado y aprendido con esa persona? ¿No te das cuenta de lo tranquilo que se te queda el cuerpo cuando estás en esa actitud de agradecimiento? ¿No crees que entrenando puedes llegar a esa sensación de serenidad? Seguro que sí😉

Creo que alguna vez os he dicho que colecciono relaciones. Quizás suena frívolo, pero es así de real. Colecciono, evidentemente, en el sentido puramente matemático del término, y eso está bien porque, aunque no todas han acabado siendo lo “efectivas” que yo esperaba, todas y cada una de ellas me han enseñado algo sobre mí y sobre el otro que ha sido altamente valioso para poder afrontar la siguiente relación con más madurez, más entereza, más humildad, más humanidad y menos sufrimiento.

Las personas vamos por la vida dando lo que podemos dar en cada momento: a veces podemos dar más, a veces podemos dar menos, porque tenemos lo que tenemos en cada momento. Pero “simplemente” porque abrí mi corazón y te dejé pasar, pudiendo haber puesto en su lugar otra capa de coraza, “simplemente” por eso merece la pena que estés agradecid@: ¿no te parece?

Pues eso. Espero que os haya gustado el post. Un abrazo, de esos que hacen vibrar…

P.D. A mis amantes. A mis amores.

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“Hoy empiezo la dieta”

¡Muy buenas noches! Después del plantón que os di el domingo pasado (ups!!) estoy de nuevo compartiendo con vosotr@s en la red.

Como muchos sabéis, desde enero tengo el privilegio de ejercer la Medicina de Familia desde mi propia consulta privada. Una de las herramientas de comunicación que uso es esta página de Facebook:

 

Después de darle muchas vueltas he pensado que sería buena idea compartir consejos de salud  a través de ella y e aquí el resultado del primer escrito (el pasado viernes 1 de abril). Espero que os guste y os sea útil. Un abrazo, de esos…

“Muy buenos y lluviosos días desde Breda. A partir de hoy, y de manera mensual (espero) compartiré con vosotr@s algunos consejos de salud “a mi estilo”. Empezaremos por el tema estrella prevacacional: HACER DIETA.
En los últimos días veo multitud de personas que se ponen a dieta. Para qué ocultarlo: mayoritariamente son mujeres que al empezar a despejarse del ropaje del invierno en público toman conciencia de ciertas redondeces que deducen no deben gustar. Desde mi punto de vista éste es el primer error: querer ponernos guapetones y guapetonas para la calma visual de los que nos rodean, sin además tener en cuenta que con una alta probabilidad a nuestros allegados y allegadas ya les gustan nuestras “carnes”…
Otro punto importante es el cómo decidimos deshacernos de esas redondeces, mayoritariamente tirando de alimentos y productos específicamente diseñados para ello, reduciendo el aporte calórico a nuestros preciados cuerpos, que aún así deben seguir asumiendo un frenético ritmo de vida autoimpuesto y que no va a reducirse en consonancia con este descenso del aporte energético. Conclusión: acabamos con intensa debilidad, mareo y, cómo no, el consabido malhumor que pagan los que nos rodean.
Para hacer ejercicio sigue sin quedarnos tiempo, claro, ni siquiera para aquél que sabemos que no cuesta dinero y que proporciona unos altísimos niveles de oxitocina y euforizantes naturales: el sexo. Pero claro, si estoy gorda… En fin: el pez que se muerde la cola.
Os paso un par de enlaces de personas expertas en el tema, de la alimentación y de los “productos milagro”: espero que os sean de utilidad:

1. El nutricionista de la General, de Juan Revenga
http://juanrevenga.com/11-2/

2. SCIENTIA, de Jose Manuel López Nicolás
http://scientiablog.com/sobre-mi/

Y para despedirme, un poco de humor, no sin antes aclarar que, evidentemente, conviene cuidar nuestro cuerpo “con seny” con el objetivo primordial de mantener un buen nivel de salud, porque por sí solo ya va deteriorándose con los años, como bien sabemos los que ya hemos pasado de los cuarenta.

¡Saludos!”
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Importando guiones

IMG_0046Y de pronto te das cuenta de que respiras de forma contenida, y que tienes un nudo en la garganta, y que vuelven a dolerte las cervicales, y que tienes la lengua apretada contra el paladar. Que das vueltas y vueltas a la misma conversación intentando buscar el detalle que te ha hecho estallar, y no lo encuentras. Que revisas lo sucedido los días previos, lo objetivas y no encuentras ningún indicio que justifique cómo te sientes. Pero te sientes fatal, rendida de nuevo, hundida en la miseria, poca cosa, poco valiosa. Y no sabes por qué.

Como te has dado cuenta de cómo aprietas la lengua contra el paladar, poco a poco la vas separando. Como tomas conciencia de cómo respiras, centras tu atención durante unos minutos en cómo entra y sale el aire por tu nariz y logras ampliar algo más tu caja toraco-abdominal (secundariamente va deshaciéndose el nudo de la garganta). Salir a caminar mejora el flujo de tus ideas, centra el repaso de las jugadas de los días anteriores y te ayuda a recordar situaciones similares en las que te has sentido tocada y “casi” hundida. Y finalmente tomas conciencia de lo que está sucediendo.

Porque la mayoría de las veces no es lo que sucede lo que genera tanto malestar, sino la acumulación de duelos no resueltos, de conversaciones no mantenidas, de gritos no chillados, de lágrimas no vertidas.

Un abrazo, de esos que hacen vibrar…

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El regalo más grande

¡Hola a tod@s! ¡Hoy es mi cumpleaños! Muchos de vosotr@s me habéis felicitado ya; otros lo vais a hacer después de leer ésto; algunos lo vais a llevar todo el día en la cabeza, quizás desde hace días, y finalmente no me vais a felicitar, por descuido o por vergüenza. En cualquier caso, gracias, gracias, gracias a tod@s.

En mi familia siempre ha sido importante (muy importante, diría yo) ésto de cumplir años. Mi madre solía recordar una anécdota: en mi primer cumpleaños me cantaron el “Happy birthday!!” unos mormones que picaron a nuestra puerta justo cuando estábamos en plena celebración. A ella también le encantaba organizar mis fiestas cuando iba a EGB, hasta que en una de ellas había tantos niños que decidieron “cerrar el grifo”: mis hermanos, relaciones públicas donde los haya, habían invitado a medio colegio. En el listado de normas de mi madre (no demasiadas, la verdad) había una con la que era intransigente: “Nunca celebrarás tu cumpleaños antes de que llegue el día”, y así he seguido yo la norma a rajatabla con los cumpleaños de los míos, aunque mamá lleva 9 años sin celebrarlos con nosotr@s…

Soy una persona afortunada. Me siento amada por much@s. Personas más o menos cercanas en espacio y tiempo que día a día me ofrecen sus muestras de cariño y que en estos últimos años me han enseñado lo que significa amar en el sentido más amplio de la palabra. A tod@s ell@s les quiero hoy dar las gracias por estar ahí, de la manera en que pueden estarlo a lo largo de su día a día.

Quiero también dar las gracias a aquell@s que en los últimos días habéis compartido ya conmigo la ilusión del cumpleaños: ésto de recibir regalos con antelación es genial😉

Y para acabar quiero expresar hoy mi agradecimiento a Jordi y a Angi, que llevan más de 5 años caminando junto a mí con grandes y pequeños altibajos, siguiendo la máxima expresada tan bien por Jorge Bucay: “Ámame cuando menos me lo merezco porque es cuando más lo necesito”. ¡Os quiero! (y lo sabéis…).

Me despido con mi abrazo, ése que tanto os gusta y que con algun@s de vosotr@s he podido experimentar en al menos una ocasión. Y también con una canción preciosa que aunque la escuche mil veces me seguirá haciendo llorar (gracias, reina, por haberla compartido en su día conmigo :-*).

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Sólo sé que no sé nada

Cuando empezé a estudiar Medicina no sabía dónde buscar la información. Había tantos y tantos libros de cada una de las asignaturas que me agobiaba intentando aunar los conocimientos que transmitían cada uno de esos libros en unos apuntes prácticos y escuetos: era misión imposible… Finalmente tuve que optar por un sólo libro para cada una de las asignaturas y perder otros puntos de vista, otras opiniones, por el bien de mi salud mental.

De un tiempo a esta parte tengo la misma sensación. Al inicio bastaba con saber lo que nos habían explicado durante la carrera. Después aquéllo que nos habían transmitido nuestros tutores durante la residencia: protocolos y más protocolos de Atención Primaria. Ya casi cuando acabábamos, el boom de la “Medicina Basada en la Evidencia”. Y en los últimos tiempos descubrimos los múltiples intereses comerciales que se esconden detrás de ciertos ensayos clínicos, autores que donde dijeron “Digo” ahora dicen “Diego” y organismos oficiales que se dejan llevar por el pánico en sus recomendaciones.

Otras voces confirman lo que ya sabíamos desde el principio: que “trabajamos” con material altamente sensible y que lo más importante es aunar conocimiento (del de base, del de los primeros cursos de Medicina) y humanidad. Porque, al fin y al cabo, es desde el “tú y yo” desde donde se han ganado siempre las batallas, y es en ese frente desde donde yo quiero luchar.

Un abrazo, de esos que hacen vibrar…

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Oda al pesimismo

Hace pocos días di una pequeña charla sobre mi trayectoria profesional y los proyectos que había realizado en los últimos años en el campo de la Educación Emocional, concretamente en su aplicación al campo de las Ciencias de la Salud. Como viene siendo habitual, con el fin de mejorar la docencia en cualquier centro que se precie, los alumnos respondieron algunas preguntas sobre cómo había ido la sesión según su punto de vista. Independientemente de los resultados que obtuve (que tampoco fueron malos) me sorprendieron dos comentarios en relación al pesimismo que había transmitido al hablar, pesimismo que, dicho sea de paso, ya había yo anunciado que transmitiría.

Lo siento en el alma pero no puedo ser optimista en este sentido. Desde mi punto de vista la sanidad catalana no hace más que empeorar, con el agravante de que desde un tiempo a esta parte una proporción no despreciable de profesionales sanitarios estamos cansados y hastiados y nos cuesta seguir realizando las tareas de “contención” que veníamos haciendo con los usuarios.

Sigo viendo gestores más preocupados por los resultados que por ofrecer una atención excelente; más preocupados por cubrir las horas de atención de los centros de salud que por garantizar tener a los profesionales más competentes para ello; más preocupados por el cumplimiento de los protocolos que por la salud de sus plantillas; más preocupados por hacernos creer que la culpa es nuestra y que nosotros tenemos el poder del cambio que por mirarse el ombligo y repasar sus decisiones pasadas para tomar conciencia del impacto que han tenido.

En estos tiempos convulsos podemos escoger seguir luchando o retirarnos dignamente. Después de más de 15 años de ejercicio profesional, cinco de ellos en tareas de gestión (viendo lo costoso que es mover la maquinaria burocrática) yo he optado por la retirada. En cualquier caso es mi opción personal, absolutamente criticable (como todo en esta vida), aunque desde mi punto de vista sólo faltaría que ni siquiera pudiera mostrarme pesimista.

Desde hace unos años me acompaña una frase: “Piensa globalmente, actúa localmente”. Así, creo firmemente que ejerciendo una Medicina más humana sobre un pequeñísimo núcleo de población puedo generar cambios. Como creo firmemente que criando de la mejor manera a mis tres hijos puedo contribuir a mejorar esta sociedad nuestra. Y es lo que estoy haciendo en los últimos tiempos.

Como decía aquél:

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Lástima que la mayoría de las veces nos cuesta apreciar esas grandes-pequeñas acciones.

Un abrazo, de esos que hacen vibrar…

 

 

 

 

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Cerrado por falta de inspiración ;-)

Hoy no es mi día. Me ha podido la pereza. Sé que sabréis disculparme.

Un abrazo, de esos…

Descanso

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